Teníamos ocho años. Mi madre pensaba que eramos demasiado pequeñas para cualquier cosa. Yo tengo una hija de casi ocho años y a veces pienso lo mismo. Otras en cambio, cuando la observo detenidamente, me doy cuenta de lo capaz que es, de la gran dimensión que en realidad tiene, la misma que teníamos Elisa y yo a su edad. Me recuerdo entonces, y al hacerlo, me resulta mas fácil reconocer a mi hija.
Elisa quería perderse en el bosque. Normalmente llegábamos hasta el rió y después regresábamos. No debíamos cruzarlo porque llevaba mucha corriente... Eso decía mi madre. Pero Elisa quería saber que había mas allá. Me pase todo el camino hablando .Ella tan solo caminaba en silencio como siempre. Al llegar al río se paro un instante, se quito los zapatos, los dejo sobre una piedra y se introdujo en agua. Yo estaba completamente asombrada, no esperaba que Elisa hiciera eso. Ella caminaba segura sin mirar atrás. Apenas luchaba contra la corriente. No avanzaba en linea recta, el agua la desviaba hacia la derecha, pero lo hacía segura. Paro en medio del río. Se dio la vuelta y me miro. El agua bajaba veloz alrededor de sus piernas, pero no la hacia caer. Elisa sonrió, dio media vuelta y llego a la otra orilla. Yo no sabia que hacer. Solo podía mirarla a ella frente a mi, al otro lado, y mirar sus zapatos sobre la piedra. Elisa me grito: -¿vas a dejar que te lleve la corriente?- me quite los zapatos, los deje junto a los suyos y me introduje en agua. Podía sentir la fuerza con la que me rodeaba, era un abrazo fuerte que me hacia caminar segura. Sin dificultad llegue al otro lado. Estaba nerviosa y feliz por lo valiente que habíamos sido. Elisa comenzó a andar.
-Esto va a ser mucho mas difícil- me dijo. El suelo estaba lleno de hierbas, palos y piedras. Nos dolían los pies al caminar. -¿Sientes como pincha? y a esto no le teníamos miedo- me dijo Elisa. Se sentó en el suelo. Yo seguí caminando, no me importaba hacerme daño en los pies después de haber conseguido atravesar el río. -La próxima vez tráete los zapatos- le dije. Elisa se levanto y siguió caminando a mi lado. Ese día llegamos a casa por camino nuevo, descalzas. Cuando volvimos al día siguiente para buscar los zapatos, no los encontramos. Pensamos que tal vez se los llevo la corriente.
Sobre las cosas que nos pasan, esas que nos son comunes a todos. No importa la importancia que tengan, sino el lugar que les damos en nuestra vida. Vamos a mirarlas de frente a ver que pasa, a ver que nos pasa...
domingo, 8 de septiembre de 2013
sábado, 24 de agosto de 2013
SIN NUDO
ISABEL
Había una vez una niña que no era capaz de atarse los cordones de los zapatos. No era capaz de escribir una frase completa. Tampoco era capaz de dibujar un caballo que pareciese minimamente un caballo. Pero sin embargo era capaz de volar. Podía volar su cometa horas y horas , muy alto, tan alto que desde abajo solo era un cordón que parecía elevarse a ninguna parte. Lo envolvía en su muñeca suavemente y corría con ella montaña abajo. Había una vez una niña capaz de volar sujeta a un cordón muy largo. Capaz de recordar los nombres de todas las personas que conocía. Capaz de saber lo que guardaban en el corazón tan solo al escuchar sus nombres. Ella creció. Y no aprendió a atarse los cordones de los zapatos, ni a escribir grandes frases, ni a dibujar nada que se pareciera a la realidad . Pero lo verdaderamente extraordinario de esta historia, es que a sus padres eso nunca les importó, y la dejaron crecer volando montaña abajo.
Cuando la miro a ojos y le susurro mi nombre ella sonríe y me da un dibujo. Y no siempre se que es.
Había una vez una niña que no era capaz de atarse los cordones de los zapatos. No era capaz de escribir una frase completa. Tampoco era capaz de dibujar un caballo que pareciese minimamente un caballo. Pero sin embargo era capaz de volar. Podía volar su cometa horas y horas , muy alto, tan alto que desde abajo solo era un cordón que parecía elevarse a ninguna parte. Lo envolvía en su muñeca suavemente y corría con ella montaña abajo. Había una vez una niña capaz de volar sujeta a un cordón muy largo. Capaz de recordar los nombres de todas las personas que conocía. Capaz de saber lo que guardaban en el corazón tan solo al escuchar sus nombres. Ella creció. Y no aprendió a atarse los cordones de los zapatos, ni a escribir grandes frases, ni a dibujar nada que se pareciera a la realidad . Pero lo verdaderamente extraordinario de esta historia, es que a sus padres eso nunca les importó, y la dejaron crecer volando montaña abajo.
Cuando la miro a ojos y le susurro mi nombre ella sonríe y me da un dibujo. Y no siempre se que es.
domingo, 11 de agosto de 2013
EL CAMINO MÁS LARGO.
ELISA
Creo que el hombre evolucionado será un hombre absolutamente sencillo. Pero tenemos
que recorrer el camino hacia la sofisticación, hacia lo complicado, hacia lo
oculto, hacia la manipulación, tenemos que dejar que la mente se expanda, se
recree, y crezca, y lo domine todo para llegar a la humilde conclusión de que
todo es absoluta sencillez.
¿Por qué no hacer una pregunta directa para recibir una
respuesta directa?
Por miedo.
Nos asusta recibir esa respuesta escueta y sencilla que nos abriría
mil puertas y nos llevaría a la paz, aunque no fuera la respuesta deseada. Nos
asusta que no se ajuste a lo esperado, y por ello preferimos elegir el camino
mas largo, y caminarlo entre luces y sombras. Quizá será más emocionante este
camino largo. En él se vive incertidumbre, misterio, duda, emoción, espera… tal
vez sea más vibrante que el camino corto, ese que se resuelve con la respuesta
sincera a una pregunta directa.
He dudado mucho tiempo
sobre que camino es mejor, quizá no mejor, sino más satisfactorio. Supongo que
para cada uno de nosotros habrá uno distinto. Yo viví un tiempo usando el
camino corto. Y tengo que reconocer que era un tiempo de valor, donde el miedo
no tenía mucho espacio. Ante las dudas formulaba las preguntas concretas y recibía
las respuestas directas. Unas veces eran respuestas alentadoras y otras no, y
cuando no lo eran esas respuestas negativas me hacían avanzar mas rápido y sentir
respeto. Luego vino un tiempo de indecisión y de miedo, y deje de hacer preguntas directas. Empecé
a formularlas dentro de mi cabeza y
responderlas también dentro de mi cabeza dejando fuera a la persona implicada,
y dejando que mi mente elucubrara discursos, discursos que rara vez coincidían
con la verdad. Y sé que era un tiempo de miedo, por que era el miedo el que me llevaba
a no formularlas y me robaba tiempo y luz. Un tiempo de pensamientos enredados,
de conclusiones equivocadas y de poner palabras ajenas en las voces de otros. Ahora
creo que el miedo va pasando y aunque sigo enredándome en pensamientos con
voces ajenas, cada día un poco más la pregunta directa se coloca delante y soy
capaz de articularla.
¿Porque no somos capaces de usas sencillamente la verdad? Hasta
en la duda, en el miedo, en la incertidumbre, ¿porque no somos capaces? Mostrando
esto, esta debilidad, seriamos mas libres, porque no daríamos la opción de que
otros nos pensasen y si lo hicieran tan solo se engañarían a ellos mismos.
Elisa ha llegado a casa. Traía una tableta de chocolate
negro porque sabe que me encanta. Se ha sentado frente a la venta y apenas sin
mirarme ha soltado todo esto. Hablaba y yo solo he escuchado. Cuando el
silencio ha sido lo suficientemente largo como para indicarme que había
terminado. He formulado mi pregunta:
lunes, 22 de julio de 2013
¿LIBRE ALBEDRIO?
Paso por este lugar muy a menudo. Es una plaza bulliciosa
porque en ella esta la estación de Atocha y el museo Reina Sofía. Sus cuatro
cruces me fascinan. Sobre todo el que yo utilizo más; La esquina del museo.
Para mi es una pequeña muestra del mundo. Cuando paso por allí, el tiempo se
detiene y los 40 o 50 segundo que puedo utilizar para cruzar se convierten en
horas. En un instante percibo todo, puedo ser capaz de ver y sentir muchas
cosas a la vez…. Eso creía...
Esta mañana he salido pronto porque íbamos de viaje a la
Coruña. Aunque era temprano ya había mucha gente, mucha actividad. Fije mi atención en el primer semáforo, lo he
mirado muchas veces… espero al verde para pasar, y sin poner intención he visto el agujero que tiene en la cabeza el
muñequito rojo cuando esta encendido. La selección la ha hecho mi cerebro, no
yo, no me había fijado antes. -¡Esta roto!- He pensado, ¿llevara mucho así?
Cabeza hueca…. Roja…. Y no he podido evitar pensar en las señales…. Tengo la
cabeza hueca cuando se me prohíbe,
cuando se me dice lo que puedo o no puedo hacer… mi cabeza se convierte
en un espacio vacío…. La señora de mi derecha me mira y yo la sonrío ¿me he reído
en voz alta? ¡Me he hecho gracia! Y he pensando en Fernando diciéndome…”Gaudi
no seas tan intensa”. Y entonces lo
entendí… volvió la intensidad Fernando... volvió.
La física cuántica dice que todo ocurre a la vez pero
seleccionamos aquello que queremos vivir, aquello de lo que queremos ser conscientes,
la selección es inconsciente la mayoría de las veces. Mientras cruzaba la calle
lo entendí: ¡La vida es como la televisión a la carta!. Podemos elegir los
programas que vemos, tenemos el mando… tenemos poder para mirar lo que deseamos,
para desechar lo que NO, algunos lo
saben y saben como utilizar ese mando, otros no.
Todos tenemos el mando de nuestra a televisión a la carta
pero no sabemos como usarlo.
Empecemos a tocar los
botones, a mirar, y a ver que pasa.
martes, 11 de junio de 2013
ISABEL. CON LA CASCARA DE UNA NUEZ.
Cuando era pequeña hice un barquito con una cáscara de nuez,
un palillo y plastilina. Lo metí en la bañera para comprobar si flotaba. Y
flotaba. A veces se llenaba de agua y aun así flotaba. Era maravilloso ver como
aguantaba con todo el cascaron lleno de espuma y risas.
Cuando bajamos a la playa me lleve el barquito conmigo y sin
pensarlo demasiado lo metí en el mar, las olas lo arrastraron tan fuerte y tan rápido
que no pude volver a cogerlo. Sentí mucha pena y mucho miedo por mi pequeño
barquito de nuez. Podía verlo en la distancia, se movía mucho con movimientos bruscos
pero no se hundía. Poco a poco deje de verle y me puse tan triste que me eche
a llorar. Me sentía muy mal por haber
dejado una cosita tan pequeña a merced
de un mar tan grande. Lloraba por el miedo que debía sentir mi pequeño barco.
Por no haber sabido cuidarlo mejor. Mi
madre se acerco a mí. Me abrazo muy fuerte, tan fuerte como abraza una madre. Le
conté como me sentía y el miedo que me deba pensar en mi pequeño barco
zarandeado por el mar.
-No te preocupes quizá ser tan pequeño le ayude a llegar muy
lejos. No pondrá resistencia, se dejara llevar, pasara inadvertido, y poco a
poco llegara a otra playa.
-¡No podrá, el mar lo hundirá!
-Tal vez no. Tal vez solo se de la vuelta, y flotando suavemente
llegue a la otra orilla como una simple cáscara de nuez.
Los ojos de mi madre brillaban tan intensamente que supe que
así seria, que mi pequeño barco sabría
navegar y llegar muy lejos. No me importaba que al llegar a la costa no
pareciese un barco, me importaba que llegara.
-Las cosas pequeñas son fuertes porque nadie repara en ellas. El mar no le prestara atención
y el barquito llegara muy lejos.
-Seguramente sentirá miedo
-Seguramente. Pero eso no le impedirá seguir flotando
Mi madre volvió a la arena y yo permanecí toda la tarde
mirando al horizonte, imaginando donde estaría
esa pequeña cáscara de nuez que levaba mis pensamientos muy muy lejos.
Cuando tengo miedo, me acuerdo de él.
jueves, 30 de mayo de 2013
ISABEL. YO YA NO SE.
Ojala yo estuviera también cerca del mar.
Anoche Elisa llamo. No paraba de hablar. Hablaba demasiado
para ser ella, y tan solo pude contestar –“yo ya no se. Las cosas que funcionan para unos no lo hacen
para otros"
Elisa dice que se ha cansado de hablar sobre como vivir,
sobre como se deben afrontar las situaciones, sobre lo que es ser valiente o
cobarde, sobre cual es la formula idónea para vivir plenamente... Dice que
se ha cansado, y que ese cansancio no le permite sentir claro.- ¿porque las
personas preguntamos tanto, Isabel? ¿Por qué preguntamos en vez de experimentar?
Esas preguntas disculpan nuestros retrasos. Hasta yo lo hago, respondo en vez
de experimentar-
Elisa es la persona más constante que conozco. Cuando cree
en algo lo vivencia y lo defiende vehementemente. Su discurso es conciso. Te
escucha y cuando terminas tan solo dice -¡hazlo!- Y esa palabra se te clava
como un aguijón que escuece y pica y duele y pesa.
Hazlo.
¿Conoces esa sensación de saber algo con toda certeza aunque
la realidad te demuestre lo contrario? ¿Saber que algo es como no parece? Yo
siento certezas que no tienen realidades y me abruma y me ponen triste, porque no se como explicármelo,
tan solo lo siento. Creer lo contrario de lo que los hechos te muestran como real
es la cosa más inquietante que existe porque te hace dudar de ti.
Y yo solo pude contestarle…. Yo ya no se. ¡Hay que
jorobarse!
domingo, 19 de mayo de 2013
ELISA. LAS MULETAS
Esta noche tengo que llamar a Isabel.
Desde que era niña tengo una gran facilidad para abstraerme.
Puedo desarrollar toda mi actividad diaria sin dificultad, y sin embargo estar
en Babia como decía mi madre. La mayor parte del tiempo lo paso viajando, y
viajo por dentro por eso no se me nota, y por eso nadie se entera. Puedo hacer
todo lo que tengo hacer sin estar aquí.
A veces creo que mi verdadera vida no la comparto con nadie, creo que mi
verdadero yo existe sin que nadie le mire. Aunque está Isabel.
¿Podrías vivir sin que nadie te mire? ¿Os habéis hecho esta
pregunta? Yo se la hice a Isabel cuando pequeñas. Me producía mucha curiosidad
saber si las personas somos capaces de vivir sin tener espectadores que sean
testigos de nuestra vida. Creo que NO nos educan para ello. Y esto está íntimamente
ligado con la Libertad. Nos educan para vivir con la mirada ajena siempre
encima, con el apoyo o la critica, o la aprobación ajena. Y se vive mejor cuando nadie te mira.
Esta mañana decidí ir al trabajo caminando. Mi oficina no
esta lejos y el camino es muy agradable si lo hago por la playa. La primera
persona con la que me cruce llevaba muletas. Caminaba con dificultad, supongo
que no esta muy acostumbrada a ellas. La segunda persona con la que me cruce también
llevaba muletas, en esta ocasión tan solo una. Parecía más acostumbrado y
avanzaba con facilidad. La tercera persona también llevaba muletas, y la cuarta y la
quinta y la sexta. Entonces me di cuenta que no era normal. En el instante que
pensaba en ello me cruce con una niña
que no llevaba muletas. Entonces dude. ¿Era real o tan solo era en mi mirada?
¿Por qué todos parecen necesitar un apoyo para caminar? ¿Por qué un niño no?
Parece una contradicción, un niño es más dependiente…. Necesita a sus padres.
No lo es si se lo permitimos.
Al llegar a la oficina me sentía desorientada. Cada uno de
mis compañeros tenia a su lado un par de muletas, algunos tan solo una, y tan
solo dos de ellos, no las tenían.
Entonces pensé como cuando era pequeña y confiaba en que la
vida me enseñaba sus misterios de la manera mas extraña. Y volví a tener fe. La
tuve y le di verdad. ¿Porque no podemos
ser capaces, CAPACES de verdad? Capaces de ser y luego estar. Capaces de
desarrollarnos individualmente y luego compartir. Porque no nos sale. ¿Tenemos
que estar al lado de alguien para seguir con la vida? ¿Y una libre elección? Pasamos
de los padres, de la familia, a los novios y parejas y a crear otra familia. No permanecemos casi
nunca solos. ¿Eso nos aterra? No nos enseñan a ser libres. Siempre agarrados a
una muleta que nos hace más fácil caminar. ¿Por qué no las tiramos y
comprobamos que pasa?
La libertad esta dentro.
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